Era mi vida un espejo ante la tarde de octubre...
Una tarde espantosa llena de ansia y oraciones.
Era entretiempo siempre sobre sus ojos en mi recuerdo,
La vida era azul bajo la lluvia y parque de árboles rosas.
Ella, La que recuerdo ahora de blanco encrespado,
Se ha marchado con sus días santos.
Ahora oigo su voz ligera de sonrisa.
Ella, la de mano triste, se ha marchado domínica y dominica.
Tarde de lluvia azul. Tarde de hospitales y muertos.
Ella, la que me enseñó a orar bajo la lluvia, partió en el azul...
Y con ella se fueron los días santos, el azul lluvioso,
El parque rosa, la voz de sonrisa y la mano triste… al cielo.
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