| Harold MUÑOZ. Sin título (fragmento); óleo/lienzo |
A través de largos años lamento el silencio roto,
las horas que pasan dejando manchas fétidas,
un universo decadente de soledad infectada con el ruido de la calle.
Tus ojos ya no son noches que deprimen
sino recuerdos de humanas voces ininteligibles retornando al desconcierto,
la flores de plastico que vi en la cesta antes de partir,
el dolor de tus labios encerrados en mi puño por casi un minuto.
De vez en cuando me despierto en la noche
pensando en las lágrimas que vi correr por tus senos
y tiendo a creer que lo soñé, que no es cierto,
que jamás te vi con tu rostro salpicado de amargura... diciendo:
"¿has oído hablar de los divinos gemidos en secreto,
de besos húmedos dados con avidez al recuerdo
de esas caricias urgidas que se dan a solas?"
Anoche me despertó la densa humedad de mis sueños y el calor febril...
el deseo de acariciar con mi lengua tus párpados verdes,
el anhelo de oler tus hombros y tus axilas, penetrándote...
sentí el el temor de los años que duelen sin dopaje ni agitaciones...
recluído cíclicamente en un laberinto sombrio y pegajoso como el minotauro.
La certeza del recuerdo que aulla cada mañana es desconsoladora
¡porque jamás eyaculé en tu rostro toda mi desdicha!
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