| Harold MUÑOZ. La amenaza de una fatalidad inexorable; óleo/lienzo |
Retorno a la nota cruda del silencio
por el camino de hojarascas donde el viento susurra lamentos...
La lluvia huye rápidamente
y vuelven las moscas envueltas en bruma,
los ojos verdes que vi bajo mi cama,
el cabello brotando como burbujas, y juramentos de lujuria atficiante
para que mis pies no trastoquen en el cielo todo lo sublime que he estado negando.
La noche entra por el valcón abierto
y yo me sé metal ardiente
entre el glaciar oscuro de la lluvia
- cuando llueve silencio y pulsaciones demenciales -
y el recuerdo dolorosamente infatigable del pasado sexual.
Llueve silencio,
el que conozco,
el invariable,
el de cada día y cada momento...
Viene a levantarme y hacerme volar por los sueños,
- como todas las sombras -
El que tiene alas inmensas con puntas de puñal
y camina haciendo eco.
Perseguido por fantasmas:
me sé martir y verdugo a la vez,
con una areola de ojillas:
me sé martir y verdugo a la vez.
Golpea su pecho enfurecido
con enormes colmillos...
Entre ayes y gritos de desespero:
me sé martir y verdugo a la vez.
Retorno a la cuna híbrida de la noche
- donde lágrimas tejen bufandas a la lluvia -
y me agito entre los brazos del SILENCE.
Este poema lo escribí durante mi estancia en Montreuil y fue publicado en mi primer libro de poemas de nombre homónimo ("Cuando llueve silencio") en el año 2007.
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