jueves, 29 de septiembre de 2011


Sus ojos despiertos son una ensoñación,
sus movimientos son un sueño perturbado,
su muerte es un horrible y tenaz despertar
a plena luz crepuscular de un septiembre agónico.
Yo caigo sobre la cama sin la menor evocación
De los fantasmas devotos del pasado,
Sin sombra de intriga o conciencia,
De lo que vivió antes en su piel.

Nosotros somos el espacio vacío que dejo el deseo,
un fino ligamento de lujuria emancipada ya marchita,
y nos creamos un muro de sentimientos
para separarnos del sueño, el paraíso, el dolor…
Pero todo no es más real que un sueño nocturno,
nos despertamos súbitamente en plena noche
y nuestras visiones fantasmales del pasado
huyen y se extravían entre los espectros inmortales.

Lenguas que recorrieron sus gemidos ávidamente,
los cuerpos que  la penetraron por todas partes
nos hacen saltar en la noche escuchando su voz;
nos extraen de la tumba para encadenarnos,
y con una mirada confundida y perturbada,
observamos el aspecto cándido del cielo matinal.
¿Dónde nos despertáremos? ¿Cómo será mañana?
Mientras en tu lengua y en tu sexo ocultas la muerte.

Harold Muñoz

 26/09/11 París 9:30 am

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