jueves, 8 de septiembre de 2011

Desesperanza, infinita adversaria
Vuelves a mi pecho como una espada victoriosa
Con la angustia heredera del sueño,
Me haces retornar  a mi vieja ataúd,
Con menos años, menos sueños, más dolores…
Como un peregrino enfermo que abandona
 Y deposita despojos de piel muerta a tus pies.

¿Dónde están las oraciones pronunciadas
Bajo la fresca sonrisa de la lluvia?
Murieron en colisión con tu armadura de fuego.
Una vez más prisionero del diablo:
Destruyes mi rostro, bebes mi alma, diluyes mi espíritu…
Mas, sólo renunciaré con labios de plata,
Firmaré la renuncia con sangre de mi pecho.

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