Desesperanza, infinita adversaria…
Vuelves a mi pecho como una espada victoriosa
Con la angustia heredera del sueño,
Me haces retornar a mi vieja ataúd,
Con menos años, menos sueños, más dolores…
Como un peregrino enfermo que abandona
Y deposita despojos de piel muerta a tus pies.
¿Dónde están las oraciones pronunciadas
Bajo la fresca sonrisa de la lluvia?
Murieron en colisión con tu armadura de fuego.
Una vez más prisionero del diablo:
Destruyes mi rostro, bebes mi alma, diluyes mi espíritu…
Mas, sólo renunciaré con labios de plata,
Firmaré la renuncia con sangre de mi pecho.
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