La soledad nunca propone una tristeza
Porque sólo busca un ligero pestañear,
El pequeño azul Prusia del recuerdo evadido,
Y la hora de pluma bajo la alfombra,
Sin vestigios de párpados marchitos…
Como una atalaya sin zarpazos de combate,
Como los breves pasos de unos dedos vacilantes,
Que llevan la humedad de las pieles al sexo.
Pero tú eliges el canto de la tristeza
Por temor a encontrarte fuera de ti.
Nada es tan real, para ti, como el otoño:
Es el dolor que encierras en tus pestañas…
Porque los nombres que arrojamos al olvido
Vuelven fantasmales en un aire irrespirable:
El tenue aliento de un junio que muere.
No hay comentarios:
Publicar un comentario